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Горизонты испанского языка
учебники грамматики и лексики для изучающих испанский язык
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Unidad 12. JuegosНа этой странице вы найдете дополнительные текстовые, аудио и видео материалы по теме "Игры".
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Texto 1. Lee el texto y haz las tareas que vienen a continuación. LA PARTIDA DE POKER El protagonista de la novela, Júbilo, nació con el don de felicidad, pero eso no se reifere a su capacidad de ser feliz sino para dar felicidad a todos los que lo rodeaban. Era capaz de "escuchar" los verdaderos sentimientos de las personas, pero lo que no sabía era que ese don iba a convertirse con el correr de los años en su peor desgracia.
A las ocho en punto Júbilo hizo su aparición y de inmediato se dirigió a la mesa de don Pedro, dispuesto a jugarse sus ahorros y su sueldo del mes. Don Pedro lo recibió con los brazos abiertos, como un vampiro a una quinceañera. Veía en Júbilo una buena oportunidad de obtener dinero fresco. A Júbilo le bastaron unas cuantas manos para percatarse de la forma en que don Pedro ejercía el poder en la mesa. Si la primera carta que le repartían era un As, estaban todos jodidos. Don Pedro mandaba fuerte para obligar a los demás jugadores a irse y uno tenía que tener mucha sangre fría para quedarse y pagar las altas apuestas. Para colmo, don Pedro, aparte de jugar bien, tenía muy buena suerte. Si alguien ligaba una Tercia, él ligaba una más alta. Si alguien hacía una Corrida, él se la mataba con una Flor. Y en las raras ocasiones en que no traía buen juego, recurría al viejo truco del bluff,o sea, mandaba una apuesta fenomenal para hacer creer a los demás jugadores que traía un muy buen juego. Y en general, aunque todos dudaran de su honestidad, nadie pagaba por ver. Preferían quedarse con la duda que sin dinero en los bolsillos. Salía muy caro investigar la clase de juego que don Pedro traía y la ilusión por derrotarlo no era suficiente estímulo para desembolsar una fuerte cantidad de dinero, pues lo que entraba en juego a la hora de pagar la apuesta era la fortuna personal, por modesta que fuera. A don Pedro no le gustaba perder, y por lo tanto se valía de cualquier cantidad de técnicas intimidatorias con tal de ganar. Recurría a cada una de ellas, dependiendo de la situación. Y para realizar su elección contaba con una gran habilidad para interpretar cualquier movimiento que sus oponentes realizaran, por más sutil que fuera y en tan sólo una fracción de segundo. Por ejemplo, si los veía titubear antes de pagar su apuesta, deducía que sus oponentes no traían ni un triste par y se aprovechaba del momento. Si por el contrario, losveía muy dispuestos a pagar la apuesta, concluía que tenían buen juego y que más le valía ponerse alerta. Ahora que si su adversario, no sólo ponía las fichas sobre la mesa con gran decisión, sino que reviraba la apuesta, él ya no la pagaba, se retiraba. Así de simple. Nunca se arriesgaba. Nunca se apasionaba. Calculaba perfectamente cada apuesta y, por supuesto, ¡siempre ganaba! Júbilo, con gran habilidad, lo dejó ganar las primeras manos, incluso teniendo mejor juego que él. No importaba, la noche era larga y quería que don Pedro fuera ganando confianza. Don Pedro cayó en la trampa, después de una hora de juego, estaba más que convencido de que Júbilo era un jugador mediocre que no le representaba ningún problema. De pronto, Júbilo empezó a cambiar el ritmo del juego. Aprovechó que le tocaba repartir las cartas a César, el boticario, que estaba sentado a su izquierda. De esta manera, Júbilo era el primero en recibir su carta y podía presentir perfectamente cuál sería. En ese momento estaban esperando la repartición de la quinta carta. Era la última oportunidad que tenía don Pedro de mandar su apuesta. Sobre la mesa, cada uno de los jugadores tenía cuatro cartas. Tres abiertas y una tapada. Don Pedro mostraba un Joto, un Ocho y un Tres y mantenía tapado otro Joto. Júbilo tenía un Nueve, un Siete y un Rey y mantenía tapado otro Rey. Lo cual significaba que tenía un par superior al de don Pedro, pero éste lo ignoraba. Con la intención de investigarlo, don Pedro subió su apuesta esperando que Júbilo, si traía el par de Reyes, se la revirara, pero Júbilo se negó a hacerlo. Si don Pedro descubría que tenía un par de Reyes era probable que se retirara del juego y era lo que menos quería en la vida. Deseaba con toda el alma hacerlo pedazos y ésa era su oportunidad. Júbilo se limitó a pagar la apuesta y lo hizo titubeando. Ese era el signo que don Pedro necesitaba para interpretar que Júbilo sólo traía un ridículo par de nueves. Don Pedro se tranquilizó. La polla que se había juntado en la mesa era considerable y se la quería llevar. Antes de la repartición de la última carta, don Pedro abrió su par de Jotos para forzar a Júbilo a abrir su par de Nueves, pero Júbilo mantuvo su Rey tapado, lo que forzaba a César a repartirle la quinta carta abierta. Júbilo estaba seguro de que le iba a llegar otro Rey, y también sabía que a don Pedro le iba a llegar otro Joto, pero no le importaba pues una tercia de Reyes mataba la tercia de Jotos. Cuando César dejó caer la quinta cartade Júbilo, un cuchicheo de sorpresa recorrió la mesa. El maravilloso Rey cayó como en cámara lenta, ante la impávida mirada de don Pedro. Según sus interpretaciones, todo parecía indicar que Júbilo escondía un par de Nueves y tenía al descubierto otro de Reyes. Lo cual no le gustaba nada. Júbilo se colocaba por encima de su juego. Se quitó el puro de la boca y se concentró en recibir su última carta. Como sus otras cuatro cartas estaban abiertas, a él le correspondía una cerrada. Don Pedro la recogió pausadamente y la observó con la misma lentitud. Casi se le escapa una sonrisa de gusto cuando descubrió que le había llegado otro Joto. ¡Tenía tercia de Jotos! Y eso significaba que ya había ganado. Al par de Reyes lecorrespondía apostar, pero no lo hizo. Decidió pasar. A don Pedro se le aceleró el pulso. Daba por anticipado su triunfo y, sin tentarse el corazón, mandó noventa pesos de apuesta. Eso era lo que Júbilo esperaba. Tranquilamente pagó los noventa pesos y reviró la apuesta con los últimos veinte pesos que le quedaban y que constituían todo su capital. Don Pedro sintió que la inexperiencia de Júbilo lo hacía confiar demasiado en sus dos pares y le impedía adivinar que él bien podía, como en realidad era, tener una tercia de Jotos. Así que seguro de su triunfo, pagó la apuesta y preguntó por mero protocolo: —¿Qué hay que matar? A lo que Júbilo respondió: —Tercia de Reyes. Don Pedro no soportó la pérdida, enrojeció de coraje y a partir de ese momento no tuvo compasión con Júbilo. Utilizó todos sus conocimientos y todas sus mañas para acabar con él. Cuando Júbilo apostaba, él no iba. En cambio, cuando don Pedro apostó, Júbilo tuvo la desgracia de tener buen juego y de verse obligado a ir. El caso es que poco a poco le fue quitando todas sus ganancias. Júbilo empezó a jugar mal, estaba nervioso. Por más que se concentraba, ya no podía identificar cuál era la carta que le iba a llegar, ya no se diga las que don Pedro tenía en la mano. No encontraba explicación a lo que le estaba sucediendo. Había perdido la comunicación con los números. Estaba jugando a ciegas. Sus manos sudaban y su boca estaba seca. En unas cuantas manos perdió casi todo el dinero que había ganado y en ese momento se estaba jugando lo último que le quedaba. Tenía un par de Sietes abierto sobre la mesa. Don Pedro no tenía un par a la vista. Se repartió la última carta. El juego de Júbilo no prosperó. Se quedó sólo con el par de Sietes. Tenía que esperar a que don Pedro viera su última carta y que enviara su apuesta para saber cómo le iba a ir. Don Pedro, a pesar de no tener ningún par, tenía cartas más altas que las de él, así que con cualquier par que ligara le podía ganar. Don Pedro, después de ver su carta, dijo con gran aplomo: —Le apuesto su resto. Júbilo dudó en ir. Todos los demás jugadores ya se habían retirado, así que si él no pagaba, nadie iba a saber cuál era el juego que don Pedro traía. Por otro lado, ¡don Pedro le había apostado su resto! A leguas se veía que quería dejarlo en la calle, pues de seguro adivinaba que el dinero que Júbilo tenía sobre la mesa era todo el que tenía en la vida. La mente deJúbilo trataba de evaluar todas las posibilidades que teníade ganar. Había una alta probabilidad de que don Pedro estuviera bluffeando,pero la única manera de salir de dudas era pagando, pues parecía haber perdido su capacidad para conectarse profundamente con las personas, los objetos y los números. Así que pagó la apuesta, sólo para descubrir con todo el dolor de su corazón que don Pedro tenía un par de Jotos. Júbilo sintió que una ola helada le recorría todo el cuerpo. Había perdido todo. TODO. Ya no tenía nada que apostar.
(fragmento de la novela de Laura Esquivel "Tan veloz como el deseo") ![]() |
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